
Les llamaba "Rítmos compositivos".
En clase o en el taller con una música de fondo, mi preferencia es el Barroco, dejábamos que la mano, con un lápiz por supuesto, siguiera el ritmo como si se tratara de un ballet. Este ejercicio lo hicimos ¡Tántas veces! Que sus imágenes seguían flotando en mi cabeza, hasta que las junté y de forma intencionada saqué cosas que guardaba en mi interior.